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Mallorca blackout: ¿una campaña a favor o en contra del turismo?

Posted in Turismo y sostenibilidad by Caterina Jaume | 2 Comments »

A mediados del mes de marzo, tuvo lugar la ITB, la mayor feria internacional del sector turístico. Se celebró en Berlín y me hubiera encantado poder estar ahí. En mi check list del año que viene ya tengo apuntada mi intención de asistir. En realidad, no es de la ITB de lo que voy a hablar en esta ocasión pero sí de una campaña que se lanzó allí, coincidiendo con las fechas de dicha feria.

El verano pasado, fue aprobada en Baleares una nueva ley de ámbito autonómico y de carácter destructivo, territorialmente hablando. El presidente de Baleares decidió posicionarse del lado de los grandes empresarios del sector turístico, dictando así una ley a la carta que pretendía subordinar la planificación territorial a los intereses turísticos y propiciar la desregulación a fin de garantizar a los inversores la seguridad jurídica que necesitan para la realización de cualquier proyecto. Una vez más, los intereses políticos y económicos pasan por encima de todo lo demás.

En fechas de la ITB, el GOB (Grupo de Ornitología Balear) junto a Miquel Barceló, lanzó una campaña que pretendía conseguir el apoyo de los turistas y amantes de Mallorca para reivindicar las bases de un nuevo modelo turístico y territorial que garantizara el futuro de la isla que, sin más remedios, debe pasar necesariamente por la conservación.

Para ello, se ha habilitó una web, en diversos idiomas, dónde se proveía de información relativa a la campaña, explicando cuáles han sido las principales agresiones y exponiendo algunas propuestas y actuaciones.

La campaña se dio a conocer bajo el nombre de Mallorca blackout y, obviamente, los representantes políticos no quedaron muy contentos ante tal sorpresa. En este video, se puede ver cómo Delgado (Conseller de Turismo de las Illes Balears) critica la campaña y a los responsables de la misma.

Los habitantes de Baleares llevamos mucho tiempo sabiendo que vivimos en un territorio limitado territorialmente. También llevamos años viviendo una contradicción: trabajamos y vivimos de algo que rechazamos porque destruye lo que más queremos. Esta frase resume, en muchos casos, lo que es el turismo para muchos residentes. Es una pena pero es así y cuesta entenderlo. Deberíamos ponerle solución.

Sé que este tipo de polémicas no solo ocurren en la isla en la que vivo y que puede extenderse a otras zonas de nuestro país. España, en general, es un país que depende mucho del turismo y no estamos en posición de malgastar recursos valiosos como es la conservación de nuestro territorio con todo lo que eso conlleva.

Por tanto, quiero hacer extensivo este mensaje a todas las regiones turísticas del país que, aunque se encuentre en plena crisis, sigue luchando por tirar hacia adelante y compartir con los visitantes lo más preciado que tiene: el territorio y la cultura.

Yo hago público mi apoyo hacia esta campaña ya que los políticos que se supone que me representan no saben pensar en mí ni saben actuar bajo los valores con los que yo he crecido.

Me gustaría conocer vuestras opiniones sobre esta campaña y poner en común otras campañas parecidas. Así que espero que me ayudéis a completar este post mediante vuestras aportaciones.

Mallorca Blackout

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Un paseo por los recuerdos

En mis búsquedas rutinarias por Google, me he encontrado hoy con un artículo que habla de los recuerdos y de cómo aprovecharlos y convertirlos en los protagonistas de una buena e interesante iniciativa turística. Se trata de reflejar el pasado de algunos lugares a través de los recuerdos de los más mayores. Ellos son los que más vida llevan a sus espaldas y son los únicos testimonios capaces de trasladar el pasado al mundo actual. Aún les quedan ganas y tiempo para implicarse en un proyecto que puede beneficiar a toda una región. Es el caso de Pinilla y Alameda del Valle, municipios de la Sierra de Madrid.

Los ancianos de estos municipios se animaron a desempolvar los recuerdos más pintorescos de la historia de su pueblo. La Comunidad de Madrid, a través de la Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio, planteó el objetivo de recuperar los saberes tradicionales de estos pueblos, para evitar que la cultura tradicional cayese en el olvido. Así, abanderaron el proyecto «De paseo por los recuerdos», un proyecto desarrollado bajo la categoría de turismo por la memoria.

Ya sabéis que suelo insistir mucho en la función del residente cuando hablo de iniciativas turísticas que, inevitablemente, terminan interactuando con el usuario final que, en el caso de este tipo de propuestas, suele ser el turista.

Hace unas semanas, escribí un post relativo al trabajo emocional. Hoy hablaré del capital y el patrimonio emocional. Está claro que la gestión de las emociones es hoy una de las competencias esenciales para que una empresa tenga éxito. Como dice la copla, los sentimientos ni se compran ni se venden, pero se anotan en la cuenta de resultados.

Los recuerdos forman parte de nuestro patrimonio emocional y pueden considerarse como recursos únicos, valiosos, difíciles de imitar y no sustituibles. Este tipo de recursos, a nivel estratégico-empresarial y según la Teoría de Recursos y Capacidades, se contemplan como activos intangibles que tienden convertirse en ventajas competitivas.

Apliquemos este concepto a los destinos, olvidando, por un momento, el mundo paralelo de las empresas. Cada destino cuenta con este tipo de recursos. Cada destino tiene un pasado diferente y, por ende, gente mayor que lo conoce y lo recuerda. Los recuerdos de esta gente mayor componen una serie de recursos que merecen ser conservados en el tiempo y, de alguna forma, podemos alargarles la vida reflejando estos recuerdos en la realidad actual y compartirlos con nuestros visitantes.

Los resultados que obtenemos si aplicamos un modelo de estas dimensiones son varios:

  • Se superan algunas limitaciones espaciales, permitiendo reconstruir y trasmitir cómo era ese lugar décadas atrás.
  • Se implica al residente en la labor turística y, además, se implica a un segmento de la población que, en algunas ocasiones, es subestimado (la gente mayor).
  • Se crean nuevos atractivos turísticos sostenibles con el territorio, responsables con el visitante y respetuosos con el residente.
  • Se suple una necesidad importante que se encuentra en lo más intrínseco del ser humano: aprender, matar la curiosidad, conocer nuestros antepasados, etc.
  • Aumenta el nivel de satisfacción del turista. Es muy probable que una iniciativa que implica directamente y emocionalmente al residente se transforme en mejor trato hacia al turista y en escaso rechazo por parte del residente. En definitiva, se mejora la relación turista-residente a la vez que se gestionan las emociones de ambos.

“Un destino emocionalmente eficiente generará entornos emocionalmente productivos”

España es un país compuesto por diversas regiones que cuentan con su propia cultura, idioma e identidad. Esas diferencias, hoy en día y muy a menudo, se convierten en motivos para pelear derivando casi siempre en temas políticos y económicos.

El modelo que se defiende en este post daría la oportunidad de vender promocionar un país rico en diversidad cultural y, por una vez, esas diferencias jugarían un papel beneficioso para todos. Por una parte, las regiones podrían conservar sus valores dándolos a conocer y, por otra, se percibiría, de puertas a fuera, un país unido precisamente por sus diferencias. Quizás esta sea la única fórmula para conseguir una Marca-País que nos guste y beneficie a todos.

No hay que olvidar que, en un mundo tan globalizado, lo diferente sigue teniendo un valor inconmensurable. En los tiempos que corren, es importante tener capacidades para crear nuevos modelos económicos pero es imprescindible no dejar perder lo que ya se tiene. Lo ideal es saber y poder fusionar lo que ya se tiene con nuevos modelos competitivos.

¿Qué os parece la idea de promocionar así nuestro país y cada una de sus regiones?

Imagen: j-fin

 

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¿Turismo de amistad?

Siempre he tenido familia viviendo lejos de donde vivo yo. Y, ahora, empiezo a tener varios amigos viviendo en Alemania, Chile, Francia, Argentina, Suiza y Estados Unidos. Unos estudian, otros trabajan y algunos solo viven.

Son varias las razones por las que han decidido partir: unos por motivos económicos, otros por haber encontrado una buena oportunidad y otros, simplemente, porque se han enamorado.

Ahora cuando me planteo dónde ir de vacaciones busco entre estos destinos. Este hecho implica que, en mi caso, el principal atractivo del destino son mis seres queridos, mi familia y mis amigos que se encuentran lejos. Ellos son los que me incitan a viajar allá donde estén y, de paso, visitar los sitios más emblemáticos de la ciudad dónde viven. Una vez más, en mis posts, el residente es el protagonista.

Tal panorama, cambia algunos esquemas tradicionales. Las necesidades, en este caso, del turista son muy distintas. A continuación, listaré algunas características sobre este tipo de turista:

  • No le interesa contratar alojamiento. La oferta de hoteles pasa a ser innecesaria.
  • No le importa pagar un poco más por el vuelo debido a que se ahorra el alojamiento.
  • El turista no requiere que la ciudad que visita tenga un fuerte atractivo cultural, lúdico o de sol y playa. El destino en sí pasa a segundo plano.
  • Parte de la oferta complementaria, como es el caso de los restaurantes, se vuelve poco relevante. En este caso, el all inclusive se da en casa del anfitrión.

No he encontrado una definición suficientemente consolidada para definir este tipo de turistas. Y me extraña. No se trata de turismo residencial y tampoco se trata de turismo familiar. ¿De qué se trata?

Sí he encontrado cifras que reflejan los motivos por los que la gente viaja. Por ejemplo, en el caso de España en el año 2006 y según el INE, del total de viajes dentro del turismo nacional, 81.113.556 se hicieron por motivos de vacaciones u ocio, 43.856.547 por visitas a familiares o amigos, 18.951.595 por motivos de trabajo o negocios, 7.743.083 por estudios y el resto por otros motivos. La cifra de viajes por motivos de visitas a familiares o amigos es considerable.

Hace ya casi 10 años, estuve disfrutando de una beca ERASMUS en Dresden, Alemania, y en más de una ocasión sentí ser el motivo por el cual parte de mi familia y amigos viajaron a esta ciudad. Justamente, Dresden, cuenta con suficientes recursos culturales e históricos para atraer turistas por sí mismo. Aún así, muchos de mis amigos no la hubieran visitado si yo no me hubiera ido a vivir ahí un año entero.

Las ciudades con mucha vida universitaria atraen a los familiares y amigos de los estudiantes. Justamente, este año, las becas ERASMUS se quedan sin dinero. España es uno de los países que más estudiantes ERASMUS envía y recibe. Directa o indirectamente, la suspensión de este tipo de becas y experiencias puede afectar al turismo, tanto emisor como receptor, del país.

Sería interesante que, en estos tiempos de tantos movimientos migratorios, los destinos contemplaran a estos nuevos residentes como atractivo para captar y recibir nuevos turistas. Tal reflexión nos invita a pensar y a descubrir un nuevo turista: más independiente y con intereses distintos a los que estamos habituados. En tiempos de crisis, tendemos a pensar que la gente deja de viajar y no es del todo cierto. La gente sigue viajando pero lo hace de otro modo aprovechando nuevas formas de vida y de adaptación a la situación que nos está tocando vivir.

A veces, no hace falta construir un gran parque de atracciones ni un inmenso palacio de congresos para atraer nuevos turistas. A veces, es suficiente con contar con las personas adecuadas. Esta modalidad de la que hablo hoy, permite al destino promocionarse (de forma gratuita y desinteresada) a través de sus nuevos residentes y permite al turista viajar de acuerdo a sus posibilidades.

¿Reconocéis este tipo de turismo? ¿Qué nombre le asignaríais?

Foto: Jenser (Clasix-Design)

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El trabajo emocional en el sector servicios

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Desde que realicé mi PFM, con el objetivo de conocer la influencia que podría tener el turismo en la educación de los jóvenes, me he acostumbrado a poner el foco de atención en el residente de un destino turístico. A veces, los estudios olvidan este aspecto y, para mi, es muy importante tenerlo en cuenta para completar la experiencia turística.

Esta semana, he leído un artículo titulado “Consecuencias del Trabajo Emocional en el Sector Turístico: ¿Riesgos Psicosociales o Salud Laboral?”,escrito por Carmen Ramis Palmer, M. Antonia Manassero Mas y Esther García Buades  (profesoras de la UIB) y publicado en la revista chilena Ciencia & Trabajo.

El artículo trata el trabajo emocional aplicado a las personas que trabajan en los servicios turísticos. El concepto de trabajo emocional fue acuñado por la socióloga Arlie Russell Hochschild, en 1983, mientras analizaba el trabajo de unas azafatas de vuelo. Observó que éstas pasaban gran parte de su jornada laboral atendiendo a los clientes y expresando emociones. Su trabajo requería un contacto directo con el cliente la mayor parte de la jornada laboral. Las azafatas no solo debían realizar tareas físicas o mentales, si no que también debían expresar y controlar sus emociones durante las interacciones que realizaban durante su jornada laboral, ya que así lo exigía el puesto.

Muchos empresarios, para evaluar el servicio prestado, se fijan en el nivel de satisfacción del turista. Cuando este nivel de satisfacción es bajo, el empresario lo atribuye a los empleados que están a primera línea del cliente sin tener en cuenta, muchas veces, las dificultades que conlleva un puesto de trabajo con tales características.

Hoy en día, el sector turístico se caracteriza por una abundante oferta, una fuerte competitividad, altas exigencias de calidad y un necesario control de costes. El empleado que trabaje en este sector atendiendo “cara a cara” al cliente debe adaptarse a estas características y, a la vez, debe controlar sus emociones en todo momento.

El trabajo emocional en el sector turístico presenta algunas características distintivas, como por ejemplo las interacciones habitualmente cortas, pautadas y poco intensas. El artículo concluye que cuanto más controla el empleado sus emociones, más eficaz, comprometido y profesional se siente. Y por tanto, se siente más seguro a la hora de realizar su trabajo.

Las empresas que son capaces de ofrecer mejores condiciones de trabajo, contratos estables, formación adecuada, mejores recursos técnicos y permiten más autonomía, favorecen una experiencia laboral más positiva. Ésta se ve directamente reflejada en el nivel de satisfacción del cliente del que hablábamos dos párrafos más arriba.

Lo que intento explicar es que no es fácil trabajar constantemente de cara al cliente. No es fácil despertar, cada día, de buen humor. Y tampoco es fácil reaccionar bien ante cualquier movimiento de un cliente.

La simultaneidad entre producción y consumo en el sector servicios, normalmente mediante interacciones “cara a cara”, requiere de los profesionales que realicen sus tareas de una forma determinada, expresando ciertas emociones, manteniendo determinados niveles de empatía e identificando y manejando correctamente las emociones de la clientela.

Gran parte de estos profesionales no se sienten valorados suficientemente y, en algunas ocasiones, trabajan sometidos a pésimas condiciones: excesivos horarios, sueldos bajos, estacionalidad y escasa valoración social.

Tal vez sea el momento de comenzar a valorar este tipo de trabajos que, además, forman parte del primer contacto con el cliente y, por tanto, la primera impresión del mismo. No debemos olvidar que si conseguimos que el residente esté contento, el turista también lo estará.

Imagen: MyTangerineDreams

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Nueva Ley de Turismo: ley a la carta.

Llevo ya unas semanas hojeando el anteproyecto de la Nueva Ley de Turismo que ha propuesto el Gobierno autonómico para Baleares. Y llevo también unos días leyendo artículos, noticias y posts relativos a este tema. Ya me siento preparada para manifestar mi opinión.

Ayer lo primero que leí fue una noticia en el Diario de Mallorca. En ella se hablaba de la presión turística que sufren nuestras zonas costeras, concretamente, 6.329 turistas por cada kilómetro de litoral. Aunque lo sospechaba, es  realmente una barbaridad. Y parece que necesitamos este tipo de cifras para empezarnos a alarmar.

Hoy, despierto con la noticia de que la ley ha sido aprobada por el Parlament balear, a pesar de la oposición de los grupos de izquierda y a pesar de las opiniones de los residentes. Una vez más, el Gobierno solo escucha a quién quiere escuchar.

Los habitantes de Baleares llevamos mucho tiempo sabiendo que vivimos en un territorio limitado territorialmente. También llevamos años viviendo una contradicción: trabajamos y vivimos de algo que rechazamos porque destruye lo que más queremos. Esta frase resume, en muchos casos, lo que es el turismo para muchos residentes. Es una pena pero es así y cuesta entenderlo. Y deberíamos ponerle solución.

En el último cuaderno que Fundació GADESO ha publicado, hay 2 gráficas que me llaman la atención. La primera hace referencia a las medidas que los residentes creen pertinentes para mejorar el producto turístico. Un 75% afirma que la forma de mejorar el producto turístico es protegiendo el territorio y preservando el patrimonio natural, cosa que esta ley no prevé. La segunda gráfica representa la opinión ciudadana sobre la nueva ley de turismo. Un 25% de los ciudadanos encuestados no conoce la ley y un 43% considera que ésta es negativa y que solo beneficia al hotelero. Quizás el Gobierno debiera empezar a escuchar a los ciudadanos, sus votantes.

El artículo redactado por Maria Lluïsa Dubon Petrus, geógrafa, política y menorquina, es uno de los que mejor resume la situación. Lo que más comparto con la opinión que se manifiesta en este artículo es que es una ley que carece de visión global del territotio y evita la planificación. Pretende mejorar la calidad del producto turístico solo embelleciendo, ampliando y construyendo establecimientos hoteleros. Es una ley que beneficia a unos pocos e injustamente, éstos, son los hoteleros.

Me parece vergonzoso que el primer artículo de esta ley afirme que una de sus finalidades es impulsar un turismo sostenible. A partir de los años 60, Baleares empezó a apostar por un turismo de masas, descontrolado y desequilibrado. Los residentes ya se resintieron y se siguen resintiendo de los errores cometidos con este tipo de modelo hasta el punto de rechazar al turista que, para mí, no es el culpable primario. El territorio se ha ido degradando y si no cambiamos el modelo que tenemos se terminará destruyendo. La nueva ley ya no solo ataca a la zona litoral, también invita a tercierizar el suelo rústico dando facilidades para ello.

Esta ley no ayudará a que el residente haga las paces con el turismo mientras conceda carta blanca a los hoteleros para construir, reconvertir o ampliar sus hoteles. Esta ley marca una continuidad al modelo que ya se impuso con el primer boom turístico que desencadenó la llamada Balearización. Somos los residentes los que sufrimos las consecuencias directas de la implantación de un modelo tan agresivo con el territorio. Dudo que repitiendo el mismo modelo, suframos consecuencias distintas.

Termino con las declaraciones que ha hecho el GOB en la nota de prensa que ha publicado tras la aprobación de la nueva ley, a la que han tildado de “ley a la carta”: “Esta ley pretende subordinar la planificación territorial a los intereses turísticos y propiciar la desregulación a fin de garantizar a los inversores la seguridad jurídica que necesitan para la realización de cualquier proyecto”.

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#SalvemEsTrenc

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Entre procesiones de Semana Santa y escándalos políticos de semana ordinaria, demasiado ordinaria, estalla hoy la noticia donde se anuncian algunas de las intenciones del Gobierno de Bauzá. La noticia de la semana tiene que ver con la construcción de un complejo hotelero muy cercano a una zona litoral de Mallorca declarada área natural de especial interés. Es Trenc es el último gran arenal sin urbanizar y bien conservado que queda en  Mallorca. Y ahora se lo quieren cargar.

El proyecto que propone el Gobierno prevé un recinto hotelero de 20 hectáreas (superficie que equivale a 20 campos de futbol de primera división) y a 150 metros de distancia de una de las playas más espectaculares de Europa. Está previsto que el recinto tenga 285 habitaciones y 203 suites, piscinas, pistas de tenis, de pádel, un polideportivo y un campo de prácticas de golf.

Es verdad que el proyecto no afecta directamente al área protegida pero sí lo hace de forma indirecta.  El simple hecho de plantar un hotel de estas dimensiones tan cercano a este paraje, provocará un aumento de afluencia de turistas y supondrá otra engañosa apuesta por el cemento. Y casi pongo la mano en el fuego de que también se invertirá en mejorar la carretera para facilitar así el acceso al hotel y, por tanto, también a la playa. También es cierto que no infringe ninguna ley pero el proyecto cuenta con un gran rechazo por parte de muchos residentes. Quizás sería la hora de empezar a escucharlos.

Ya llevamos unos días con polémicas relativas a este tema. El alcalde de Campos, Sagreras (PP), se ha pronunciado afirmando que el hotel “no ataca al medio ambiente” pero le advierto que sí ataca al residente y al amor que éste tiene hacia su tierra y hacia el símbolo de pureza y virginidad que supone Es Trenc para los campaners y para los mallorquines.

No es la primera vez que intentan atentar contra esta zona. Como explica Actuable, a través de una acción promovida para esta causa: “Todo se inició el 21 de mayo de 1978, aquel día unas 500 personas se manifestaron en la misma playa para oponerse a la construcción de un bar restaurante sobre las dunas y así nació el lema “Salvemos el Trenc”. Desde entonces ha habido muchos acontecimientos en torno a un paraje inigualable en todo el mundo. Y que a lo largo de estos 30 años no ha quedado al margen de continuos intentos urbanizadores. En 1980 el Ayuntamiento de Campos tramitaba un proyecto de urbanización de 6.000 habitantes, un proyecto que incluía un campo de golf”. Hasta el momento, la zona ha sido preservada por algunas leyes y, sobretodo, por los habitantes de Mallorca.

¡Basta ya de tomar decisiones basadas en caprichos políticos! Reactivar las empresas constructoras y crear empleo no justifica una violación costera. No sirve de nada generar empleo “a costa” del deterioro de un territorio. A ésto se le llama condenar injustamente un territorio y los mallorquines, por desgracia, sabemos mucho de eso.  ¿No es suficiente con la construcción de un Palacio de Congresos a orillas de la costa palmesana que, a día de hoy, ninguna empresa quiere gestionar? Con estos macroproyectos, los únicos que indiscutiblemente se harán ricos van a ser el constructor, el banquero y el hotelero de turno, pues no queda nada claro si alguien más se va a beneficiar una vez quede aprobado el proyecto, como insinúa Guillem Ferrer en esta entrevista.

Puedo entender que la gente que va a ganar mucho dinero con el desarrollo de este proyecto no tenga en cuenta estos argumentos, pero no que la mayoría de seguidores de Bauzá estén de acuerdo. ¿Qué ganan ellos? ¿Por qué acatan la decisión? ¿Acaso éstos no tienen hijos por los que preocuparse? ¿No tienen familia que trabaje al margen de este montaje? Una vez más, el Gobierno Balear toma decisiones relativas al sector más importante para las islas, sin consultar, ni por un momento, a técnicos del turismo, geógrafos, geólogos o profesionales capaces de planificar un territorio sin dejarse influir por pasiones políticas. Si el proyecto sigue adelante, de nuevo, estaremos alimentando un modelo que ya conocemos: pan para hoy y hambre para mañana y, además, pan para los que no tienen hambre y migas para los que sí…

No es justo jugar con los sentimientos de la gente y el partido de Bauzá lo está haciendo. Primero, cuestionan y amenazan la existencia del catalán en Baleares y ahora atentan contra el territorio. No hay derecho. Tanto como “turistóloga” como mallorquina siento vergüenza, pena e impotencia.

Foto: Ultima Hora

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¿Turismo? Al calor del nido

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Hace unos días subí a la Comunidad Hosteltur un post titulado “¿Turismo? ¿Para quién?”, preguntándome ¿Qué seremos de mayores los que estudiamos turismo? El post ha generado debate acerca de las carencias en la formación de los estudiantes de turismo y acerca de la perspectiva de futuro que tenemos al salir de la Universidad. Como continuación del debate Hosteltur produjo un artículo “Diplomatura de Turismo: decálogo de males”, sintetizando la opinión de estudiantes, profesores, ex-alumnos y profesionales.

Me gustaría aportar algunas ideas y conclusiones sobre el tema, a partir del Proyecto Final de Máster que defendí el semestre pasado. Particularmente, me gustaría referirme a la percepción que tienen los jóvenes acerca del turismo antes de comenzar los estudios superiores. ¿Qué turismo estamos ofreciendo a los jóvenes?

Busqué respuestas en las aulas porque me impactó la cifra que representa el fracaso escolar en Baleares. Concretamente, según datos del Ministerio de Educación, en el curso 2008-2009 un 39% de los alumnos que comienzan la E.S.O. no obtienen el título de graduación. Es un porcentaje elevado ya que supone ser la comunidad autónoma con más fracaso escolar a nivel nacional. Además, esto ocurre en un territorio donde el turismo supone un 43,2% de la economía balear.  Es precisamente a partir de estas cifras que me empiezan a asaltar preguntas y empiezo a cuestionar como se relaciona el turismo y la educación de nuestros jóvenes.

Concretamente la investigación consistió en comparar 4 centros educativos de dos zonas de Mallorca. Las zonas fueron Calvià, municipio claramente turístico e Inca, territorio interior, con mayor actividad industrial y agrícola. De los centros seleccionados, por cada municipio se eligió un centro con mayores recursos socioeconómicos que el otro.

Si bien no me extenderé mayormente en este artículo acerca de los objetivos y resultados de la investigación, sí creo interesante exponer algunos puntos que pueden aportar algo de luz al problema de la formación en turismo.

En primer lugar, en general se observó que los alumnos pertenecientes a Inca tienen una percepción más positiva sobre el turismo que los de Calvià.

Por otra parte, fue notorio que aquellos alumnos provenientes de familias con un nivel de formación más bajo tienden a valorar menos las profesiones relacionadas con el turismo.

Si hilamos más fino y concretamente en Calvià, los alumnos con menores recursos eran quienes tenían mayor cantidad de padres y madres que trabajan en el sector turístico, generalmente en empleos con baja cualificación. En este sentido, los sentimientos asociados al turismo tienen que ver con horarios extensos, bajos salarios, precariedad, falta de expectativas.

Por su parte, los alumnos de Inca, expresaban una percepción acerca del turismo y el trabajo en el sector más relacionada con la diversión, hacer carrera, el dinero, fiesta y entornos paradisíacos.

También creo importante mencionar que la percepción desde el punto de vista de los responsables de los centros era casi diametralmente opuesta a la de sus alumnos. En general, los directores de centros en Inca, pensaban que la formación era suficiente y la oferta adecuada. En cambio, en Calvià se esperaba una mayor oferta de estudios específicos, tanto en formación profesional como en la universidad.

Asimismo, los educadores de los centros de Inca resaltaron con mayor énfasis el impacto ambiental que provoca el turismo. Sin embargo, los de Calvià se fijaron más en el impacto económico que el turismo supone.

Valoraciones personales

El turismo afecta y cambia el entorno del residente. La percepción que tiene el residente sobre el turismo influye a la hora de tomar ciertas decisiones que ocurren desde la etapa escolar. El estudio, si bien es muy incipiente, permite atisbar algunas ideas acerca de dónde enfocar esfuerzos educativos y sociales de manera que se formen profesionales de calidad para mantener una industria de tanta importancia en Baleares y España en general.

Creo que un aspecto clave a considerar es la calidad de los empleos en turismo. La precariedad, los horarios malsanos y la baja perspectiva de futuro para buena parte de la población puede estar generando una sensación de rechazo en los jóvenes que provienen de familias afectadas por esta situación.

También es importante tomar conciencia de que en muchas ocasiones existe una percepción sobrevalorada del turismo. Algunos jóvenes afirman querer trabajar en el sector bajo la premisa de que “no requiere mucho estudio” y de que “se gana dinero”. Estas premisas son las causantes de que algunos jóvenes se vayan a estudiar la carrera de turismo con el objetivo de estudiar poco y trabajar precariamente o incluso provoca la salida directa al trabajo, en forma similar al efecto llamada que ha tenido la construcción en la última década en España, con las consecuencias que hoy se lamentan.

Por otra parte, creo que es necesario planificar y ajustar la oferta formativa, no solo desde el punto de vista de la mera demanda del mercado, sino también orientada a crear profesionales que tengan en cuenta la sostenibilidad del territorio, sensibilidad hacia el residente y capacidad de innovación.

Por último, quiero aclarar que para realizar este tipo de estudios se precisa la colaboración de algunas entidades públicas que, en este caso, no han querido ayudar a la hora de aportar datos estadísticos que hubieran permitido un análisis más profundo del rendimiento de los centros educativos. Demostraría un esfuerzo de transparencia el hecho de que esos datos fueran públicos. Existe una clara contradicción ya que tales entidades han demostrado interés por el tema analizado pero a la hora de liberar datos no lo han hecho, presumiblemente por la reticencia a exhibir resultados incómodos en el período electoral en el que se realizó el estudio.

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